8:15.- Para que luego digan que los okupas somos perezosos. Después de un concierto punk en la sala Ars (con todo lo que conlleva la celebración de tan extraño acto en la isla, y que podría resumirse en esas sabias palabras que encumbraron a Hitler, Gandhi o Raphael: DARLO TODO), me sorprendo a mí mismo (gracias a Dios de vez en cuando lo sigo haciendo) madrugando para hacer de canguro en esta mañana de sábado. La satisfacción de un trabajo bien hecho solo lo empaña el stress que produce matar a 812 marcianitos y 331 zombies durante la jornada laboral. La niñata que esos ingenuos padres han tenido la valentía de encomendarme se pasa toda la mañana insistiéndome en ir al parque, lo que soporto con estoica paciencia. Con 3 años no puede valorarse la necesidad de estar preparado para una invasión alienígena!. Mesquineta.
18:30.- Tras una estresante mañana y una más que merecida siesta, voy a Ca'n Pol a tomar un café y ver tranquilamente el partido de fútbol de la selección española (más que nada para reirme de los entretenimientos que el vulgo parece disfrutar). Después de celebrar la emocionante victoria de España con unos cuantos chupitos, regreso a la okupa donde los vaivenes politoxicómanos me hacen recordar que hoy es Sábado. Unos colegas cocinan un sabroso cous-cous con cordero, lo que me recarga las pilas: entre unas cosas y otras llevaba 22 horas alimentariamente a base de croissants y cafés con leche (es el precio a un ritmo de vida frenético). Tras la cena, en vez de salir a emborracharnos por las calles, le damos una ostia (zas! en toda la boca!) a los convencionalismos y los allí reunidos nos enfrascamos cuan moros y cristianos en diversos debates, que van desde la frikada más absurda a las consabidas consignas anti-PP, aderezados con sustancias psicoactivas para darle diversión al momento, que dura bien pasadas las 5. Me obligo a acostarme para descansar, lo que sirve bien poco ya que